Adolescentes, consumo y compulsividad

En los últimos años, rompiendo con la tendencia tradicional de pasar las navidades en familia, a la luz de la lumbre y con una paz y tranquilidad propias del concepto navideño, se han impuesto los valores del mercado nacidos de un desarrollo social de consumo desproporcionado e individualista.

Esta nueva tendencia afecta tanto a los jóvenes de nuestros país como a los adultos, enfrascados en el bucle infinito de la adquisición de nuevos objetos para saciar el deseo de conseguir  más y nuevos elementos.

En la última década la ciudad se ha convertido en un gran hipermercado.

Cada  día unos mil mensajes nos incitan a comprar artículos que no  necesitamos, inmersos en el consumismo que se alimenta  la publicidad y ésta se basa en ideas tan falsas como que la felicidad depende de la adquisición de productos.

Consumir quiere decir  tanto utilizar como destruir.

En la sociedad de consumo no sólo sentimos  cada vez mayor dependencia de nuevos bienes materiales y derrochamos  los recursos, sino que el consumo se ha convertido en un elemento de
significación social.

Se compra para mejorar la autoestima. 

El peligro es que las necesidades básicas pueden cubrirse pero las ambiciones o el deseo de ser admirados son insaciables,  según alertan los expertos. En la  sociedad de consumo encontramos tres fenómenos que le son propios y que juntos producen lo que se ha denominado adicción al consumo.

Por un lado, la adicción a ir de compras. Pasar su tiempo en grandes almacenes o mirando escaparates como fórmula para huir del tedio.

En segundo lugar, un deseo intenso de adquirir algo que no se precisa y que, una vez adquirido, pierde todo su interés. Esta inclinación se relaciona con situaciones de insatisfacción vital.

Por último, la compra compulsiva  ,que impide controlar el gasto de una forma racional. Las tarjetas de pago y otros instrumentos de crédito que nos invitan a comprar cuanto se nos antoje y producen un sobreendeudamiento facilitan esta adicción.

La cuesta de enero es un claro ejemplo de este endeudamiento y una consecuencia, a su vez, de que se ha mercantilizado (como casi todo) la Navidad.

El Instituto Europeo Interregional de Consumo advierte que:

33% de la población adulta (32% de los hombres y 34% de las mujeres) tiene problemas de adicción a la compra,de compra impulsiva y de falta de control del gasto; un 18% de ellos de forma moderada; un 15% presenta un nivel importante de adicción y un 3% llega a niveles que pueden considerarse patológicos. Es decir, se trataría de una adicción en sentido médico estricto.

En cuanto a la población joven, el porcentaje de adictos sube hasta el 46% (53% de las mujeres y 39% de los varones) y el 8% presentan niveles que puede rozar lo patológico.

El estudio rompe con la idea de que la adicción al consumo sea un problema de mujeres con tendencia depresiva y desvela datos tan curiosos como que los jóvenes tienden más a la adicción en la medida en la que se creen más guapos mientras que, entre los adultos, son más consumistas aquellos que están menos satisfechos con su apariencia física. Además, desmiente la creencia popular de que las mujeres gastan más en ir de compras que los hombres.

LOS JÓVENES, MÁS VULNERABLES.

Para los jóvenes españoles analizados (16 años) comprar es una de las actividades más divertidas que ofrece una ciudad.  Sienten un deseo permanente de ir de compras y adquirir cosas nuevas, y su  de falta de autocontrol y responsabilidad económica es muy alto.

 El estudio desvela que la impulsividad y la ansiedad caracterizan al adicto, así como insatisfacción personal y la falta de alicientes o estímulos vitales no consumistas que le conducen al tedio. Además, éste presenta un alto grado de credulidad, falta de actitud crítica y vulnerabilidad hacia los mensajes publicitarios así como una mayor exposición a medios de comunicación.

Los jóvenes tienen un nivel más alto de vulnerabilidad ante los mensajes que relacionan consumo con felicidad, éxito social y prestigio personal. En menor medida la adicción se relaciona también con baja autoestima y, en los jóvenes, con desconfianza hacia las propias aptitudes y habilidades y con la atracción por lugares donde hay mucha gente, entre otros factores.
La clave frente al ambiente consumista es el autocontrol.

Anote este consejo:  acostúmbrese a no efectuar ninguna compra el día en que ha decidido hacerla. De esta forma podrá reflexionar y decidir mejor, a salvo de todas la influencias que le invitan a una compra impulsiva, y si el artículo es realmente interesante lo seguirá siéndolo pasados unos días.

Un segundo consejo: apunte todos los gastos que efectúa, no sólo los más evidentes como el gas o la luz, también el café e, incluso, en el caso de problema grave, sus actividades diarias.
Éste será un buen antídoto ante el sobreendeudamiento, ya que éste último está muy relacionado con el oscurecimiento del gasto que produce el pago con tarjetas de crédito.

El  dinero de plástico facilita el consumo porque produce la sensación de que nos llevamos el objeto y, a cambio, no nos tenemos que desprender de nada, hasta que llega el cargo
del banco, del mismo modo que sucede con la telefonía móvil o los gastos derivados de compras a través de la red.

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